Por. Tania Maceda Guerra.
CRDHC
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El Cristo de la habana es una majestuosa escultura que representa a Jesús de Nazaret y fue levantado el 25 de diciembre de 1958, noche buena, como resultado del talento de la escultora pinareña Lilia Jilma Madera Valiente.
Develado a raíz de un concurso lanzado en Italia, en el cual obtuvo primer premio, la descomunal estatua fue esculpida en Carrara y allí bendecida por el papa, utilizándose más de 600 toneladas de mármol Blanco de ese lugar; el mismo con que fueron hechos muchos de los monumentos del Cementerio de Colón; quedando finalmente con un peso de unas 320 toneladas. Se integra en la sumatoria de 67 piezas, con 12 estratos horizontales, cuya elaboración tomó más de un año de arduo trabajo.
Su armazón interna es metálica y el colosal monumento tiene 20 metros de altura, incluyendo 3 de pedestal, donde su creadora enterró diversos objetos de la época. Está a 51 m sobre el nivel del Mar y en eje con la Catedral de La Habana....
El Cristo de La Habana, situado en el poblado de Casa Blanca, en el municipio Regla; emplazado en la colina de la cabaña, margen oriental de la Bahía Habanera, forma parte del Complejo Morro-Cabaña, razón por la cual permite a los habaneros ver la escultura desde muchos puntos de la ciudad, y no pasa inadvertido para quienes disfrutan de la hermosa vista capitalina, sentados en el malecón habanero.
De pie, con una mano en alto, bendiciendo, y la otra en el pecho, mirando con los ojos vacíos hacia la ciudad, da la impresión de mirar a todos desde cualquier lugar que es observado.
Jilma, como artista sumamente celosa, subrayó entonces: me aparté de la imagen a que nos tenían acostumbrados quienes me antecedieron: un Cristo débil, frágil. Quise darle la austeridad, el amor y la fuerza que lo colocaron al lado de los pobres de la tierra, como dijera Martí. La artista cubana contó con la colaboración de trabajadores, pero el acabado del rostro y las manos así como la expresión se la dio ella personalmente.
El profundo amor de la escultora pinareña a su fabulosa obra quedó demostrado en un singular hecho que ella misma, dejó para la historia, como parte de esos asares de la vida y que pareciera ser la culminación definitiva de esta, su empresa cumbre. Lilia Jilma nos lo cuenta así:
Una noche del año 1961 mientras veía el noticiero de la televisión, me subió la presión arterial, casi me da un infarto.
Acababa de escuchar la siguiente información: Las inclemencias del tiempo no han respetado ni al Cristo de la Habana, puesto que un rayo le ha perforado la cabeza en la tarde de hoy.
No dormí durante toda la madrugada, y al otro día temprano, salí hacia la Bahía y comprobé con mis propios ojos un boquete en la pieza número 67, en la parte posterior de la cabeza.
Fui a la tienda la Época, compré suficiente cantidad de vinyl, y le mandé hacer un gorro enorme que le cubriera hasta el cuello. Pedí ayuda a los bomberos de la calle Corrales para que me prestaran un carro con escalera alta. Yo misma subí y tapé el orificio dejado por la descarga eléctrica, para que la lluvia no penetrara e hiciera estragos en la armazón interior de hierro, lo cual podría ocasionar la destrucción total de mi obra cumbre.
Síntesis de la vida de la eminente escultora Lilia Jilma Madera
Lilia Jilma Madera Valiente, nació el día 18 de septiembre de 1915, en la finca la Victoria, San Cristóbal, Pinar del Río y falleció el 21 de Febrero de 2000 en la Habana, a la edad de 84 años.
A los nueve años completó sus primeros estudios, luego se graduó en economía. En junio de 1936, estudió pedagogía en la Universidad de la Habana y en 1942 se matricula en la Academia de Artes Plásticas de San Alejandro, donde tuvo como profesores a los mejores escultores de la época, incluyendo a Juan José Sicre, el escultor del Martí de la Plaza de la Revolución. También estudió en: Estados Unidos en el The Art Student leagua y Clay Club, ambos en Nueva York.
Fue una muy reconocida escultora de nuestro país, habiéndose recuperado más de 700 obras suyas, expuestas muchas de ellas en el museo de San Cristóbal, el cual lleva su nombre; entre ellas: El Cristo de la Habana, el busto de José Martí en el pico Turquino y la escultura del presidente numero 32 de los Estados Unidos Franklin D. Su laborioso talento estuvo y está presente, no solo en Cuba, sino también en otros importantes sitios del planeta.
Vivió desde 1940 en la barriada de Lawton hasta su muerte y aunque desde 1961 se vio afectada por el Glaucoma no dejó de trabajar.


