Por: Sergio Díaz Larrastegui.
Vida y Pensamiento
Mohandas Karamchand Gandhi o Mahatma Gandhi nació en Porbandar (actual estado de Gujarāt en la India) el 2 de octubre de 1869 y fue el más grande líder nacionalista indio, el cual llevó a su país a lograr la independencia mediante una revolución pacífica. La mejor manera de conocerlo, no solo a él sino también al entorno en que se fraguó su excelsa personalidad es mediante el relato escrito por el propio Gandhi: Mi padre amaba a su grupo familiar, era honesto, valiente y generoso, pero irascible. Tenía muy pocos conocimientos religiosos pero gozaba de esa cultura que adquieren muchos hindúes mediante frecuentes visitas a los templos y audiciones de arengas religiosas. La impresión más descollante que mi madre me ha dejado en la memoria es la de santidad. Era una persona profundamente religiosa. Ni siquiera podía imaginar el tomar sus comidas sin cumplir antes con sus plegarias cotidianas. Desde los seis años hasta los dieciséis estuve en la escuela, donde me enseñaban de todo excepto religión. Allí no logré que los maestros me transmitieran lo que hubieran podido sin ningún esfuerzo de su parte. A pesar de todo, seguí aprendiendo aquí y allá en todo lo que me rodeaba. Como nací en la fe vaishnava, a menudo tenía que ir al haveli, éste nunca me atrajo, pues No me gustaba su brillo y su pompa y allí cundía la inmoralidad. No obstante, lo que no logré allí lo conseguí por mi niñera, una vieja criada de la familia, cuyo afecto por mí aún recuerdo. Yo temía a los fantasmas y los espíritus. Rambha tal era su nombre- me sugirió que repitiera el Ramanama. Tenía más fe en ella que en su remedio pero comencé a repetirlo para curar ese miedo. Esto duró poco, pero la buena semilla esparcida en la infancia no fue sembrada en vano, pues a Rambha le debo el que el Ramanama sea para mí un remedio infalible. Sin embargo, lo que me dejó una profunda impresión fue la lectura del Ramayana que se le hacía a mi padre. Parte del tiempo que mi padre estuvo enfermo la pasó en Porbandar. Allí, todas las tardes acostumbraba escucharlo. El lector era un gran devoto de Rama. Tenía una voz melodiosa. Cantaba los dohas (dísticos) y los chopais (cuartetos) y los explicaba, perdiéndose en las palabras y arrastrando consigo a sus escuchas. Por esa época yo debía tener trece años pero me acuerdo muy bien de haberme extasiado con sus lecturas. Esto fue lo que echó los cimientos de mi profunda devoción por el Ramayana de Tulsidas, el cual es para mí el libro mayor de la literatura devota....
Sin embargo, fue En Rajkot donde adquirí la base esencial de la tolerancia para con todas las ramas del hinduismo y para con las religiones hermanas; porque mi padre y mi madre visitaban el haveli tanto como los templos de Shiva y Rama y nos llevaban o nos mandaban allí a los más jóvenes. Los monjes jainas también visitaban con frecuencia a mi padre y hasta se apartaban de su regla para aceptar los alimentos que nosotros -no jainas- les ofrecíamos. Asimismo, conversaban con mi padre sobre temas religiosos y mundanos. Él tenía además amigos musulmanes y parsis que le hablaban de sus respectivas creencias y eran escuchados con respeto y a menudo, con interés. Por tener a mi padre bajo mi cuidado, tenía frecuentemente oportunidad de estar presente en esas charlas. Esa multitud de cosas se combinó para inculcarme la tolerancia con todas las creencias. En esa época el cristianismo constituía la única excepción por el cual sentía una gran antipatía. Todo esto no significaba que yo tuviera una viva fe en Dios, pero algo había echado en mí raíces profundas: la convicción de que la moral es la base de las cosas y que la verdad es la esencia de toda moral. La verdad se convirtió en mi único objetivo. Mi definición de verdad se fue ensanchando. Una estancia didáctica gujarati me conmovió. Su precepto -devolver bien por mal- se convirtió en mi guía primordial. Autobiografía, 1948, pp. 47-51
Gandhi Estudió derecho en el University College de Londres. En 1891 regresó a la India e intentó ejercer como abogado en Bombay con escaso éxito. Dos años más tarde, una firma india con intereses en Sudáfrica le envió como asesor legal a sus oficinas de Durban. Al llegar a esta ciudad Gandhi se encontró con que era tratado como miembro de una raza inferior. Se quedó horrorizado por la negación generalizada de las libertades civiles y de los derechos políticos de los inmigrantes indios en Sudáfrica y pronto se involucró en la lucha por la defensa de los derechos fundamentales de sus compatriotas.
Para este entonces la recia persona de Gandi había alcanzado su total madurez y afirmaba: Ningún hombre puede vivir sin religión. Hay algunos que en el egotismo de su razón declaran que no tienen nada que ver con la religión. Esto es como si un hombre dijera que respira pero que no tiene nariz. Sea por la razón, por el instinto o por la superstición, los hombres establecen alguna suerte de relación con lo divino.
Gandhi permaneció en Sudáfrica 20 años y estuvo en prisión en numerosas ocasiones. En 1896, tras ser atacado y apaleado por sudafricanos blancos, comenzó a propagar la política de resistencia pasiva y de no cooperación con las autoridades sudafricanas. Parte de la inspiración de esta política se encuentra en Liev Tolstói (cuya influencia en Gandhi fue profunda). También reconoció la deuda que tenía con el escritor estadounidense Henry David Thoreau, especialmente por su ensayo “Desobediencia Civil” (1849). Gandhi, no obstante, consideró los términos ‘resistencia pasiva’ y ‘desobediencia civil’ inadecuados para sus objetivos y acuñó otro término, satyagraha (en sánscrito, ‘abrazo de la verdad’). Durante la Guerra Bóer, Gandhi organizó un cuerpo de ambulancias para el Ejército británico y dirigió una sección de la Cruz Roja. Acabada la guerra, retomó su campaña en favor de los derechos de los hindúes residentes en Sudáfrica.
Regresó a la India y muy pronto se convirtió en el máximo exponente de la lucha por el autogobierno de la India. Tras la 1ª Guerra Mundial, en la que desempeñó un destacado papel humanitario, inició su movimiento de resistencia pasiva, invocando la satyagraha contra Gran Bretaña. Cuando el Parlamento aprobó en 1919 las leyes “Rowlatt”, que daban a las autoridades coloniales británicas poderes de emergencia para hacer frente a las denominadas actividades subversivas, el movimiento satyagraha se extendió por toda la India, ganando millones de adeptos. Una manifestación en Amritsar contra la aplicación de esta legislación acabó en una matanza cometida por los soldados británicos. En 1920, al no lograr del gobierno británico reforma alguna, Gandhi proclamó una campaña organizada de no cooperación. Los hindúes que ocupaban cargos públicos dimitieron, los organismos gubernamentales y los tribunales de justicia fueron boicoteados y los niños abandonaron las escuelas públicas. Por toda la India las calles de las ciudades fueron bloqueadas mediante sentadas de ciudadanos que se negaban a levantarse incluso a pesar de ser golpeados por la policía. Gandhi fue arrestado pero las autoridades británicas se vieron forzadas a dejarle pronto en libertad.
La independencia económica de la India fue el punto culminante del movimiento swaraj (en sánscrito, ‘autogobierno’) de Gandhi, que implicaba un boicoteo completo a los productos británicos. Los aspectos económicos del movimiento eran significativos, puesto que la explotación de los campesinos indios por los industriales británicos había originado una extrema pobreza y la virtual destrucción de la industria de la India. Gandhi propuso como solución a esta situación potenciar el renacimiento de las industrias artesanales. Comenzó a usar una rueca como símbolo de la vuelta a la sencilla vida campesina que predicaba y del renacimiento de las industrias autóctonas, tales como el hilado manual.
Gandhi se convirtió en símbolo internacional de una India libre. Llevaba la vida espiritual y ascética de un predicador, con ayuno y meditación. La unión con su esposa llegó a ser, como él mismo señaló, la de un hermano y una hermana. Rehusó cualquier posesión terrenal, vestía como las clases más bajas (con un mantón y un taparrabos) y comía vegetales, zumos de fruta y leche de cabra. Los hindúes le veneraban como a un santo y le comenzaron a llamar Mahatma (en sánscrito, ‘alma grande’), título reservado para los más grandes sabios. La defensa que hizo Gandhi de la no violencia o ahimsa (en sánscrito, ‘sin daño’) era, como sostuvo, la expresión de una forma de vida implícita en el hinduismo. Gandhi consideraba que mediante la práctica de la no violencia Gran Bretaña llegaría a considerar la inutilidad de la opresión y abandonaría su país.
La influencia política y espiritual del Mahatma era tan grande en la India que las autoridades británicas no se arriesgaron a atacarle. En 1921 el Congreso Nacional Hindú (o Partido del Congreso), grupo que encabezó el movimiento independentista, otorgó a Gandhi autoridad ejecutiva plena, incluido el derecho a designar su propio sucesor. La población india, no obstante, no entendió plenamente la doctrina de la ahimsa. Estallaron una serie de revueltas armadas contra Gran Bretaña, y culminaron en tal violencia que Gandhi confesó el fracaso de su campaña de desobediencia civil, a la que puso fin. El gobierno británico le detuvo de nuevo y le encarceló en 1922.
Tras su puesta en libertad en 1924, se retiró de la vida política activa y se dedicó a propagar la unidad comunal. Sin embargo, pronto se vio envuelto de nuevo en la lucha por la independencia. En 1930 Gandhi proclamó una nueva campaña de desobediencia civil, convocando a la población a negar el pago de impuestos, en particular el que gravaba la sal, sobre la que el gobierno británico ejercía un severo monopolio. Se llevó a cabo una marcha hasta el mar, en la que miles de hindúes siguieron a Gandhi desde Ahmadābād hasta el mar Arábigo, donde obtuvieron sal evaporando agua del mar. Una vez más, Gandhi fue arrestado y puesto en libertad en 1931. Detuvo la campaña después de que los británicos hiciesen alguna concesión a sus peticiones. Ese mismo año representó al Congreso Nacional Hindú en una reunión celebrada en Londres.
En 1932 Gandhi inició una nueva campaña de desobediencia civil contra las autoridades británicas. Arrestado dos veces, Mahatma ayunó durante largos periodos en diversas ocasiones. En 1934 abandonó formalmente la política y fue sustituido como dirigente máximo del Congreso Nacional Hindú por Jawaharlal Nehru. Gandhi viajó por toda la India predicando la ahimsa y predicando la defensa de la casta de los intocables. La estima en que se le tenía era la medida de su poder político. Tan grande era su autoridad moral y espiritual que el limitado autogobierno concedido por Gran Bretaña a la India a través de la promulgación de la “Government of India Act” (1935) no pudo ser puesto en práctica hasta que Gandhi lo aprobó. Pocos años después, en 1939, regresó de nuevo a la vida política debido a que aún estaba pendiente la federación de los principados hindúes con el resto de la India. Su primer acto fue una huelga de hambre con objeto de forzar al dirigente del estado de Rājkot a modificar su régimen autocrático. La conmoción pública que originó este ayuno fue tan grande que tuvo que intervenir el gobierno colonial británico; se concedieron las demandas. El Mahatma se convirtió de nuevo en la más importante figura política de la India.
En 1944 la lucha por la independencia de la India estaba en su última fase. El gobierno británico había aceptado conceder la independencia con la condición de que los dos grupos nacionalistas rivales, la Liga Musulmana y el Congreso Nacional Hindú resolvieran sus diferencias. Gandhi se opuso firmemente a la división de la India, aunque al final la aprobó con la esperanza de que se alcanzaría la paz interna una vez que se hubieran concedido las demandas para la creación de un Estado musulmán. India y Pakistán se convirtieron en dos estados independientes una vez que Gran Bretaña concedió su independencia a la India en 1947. Durante las revueltas que siguieron a la división del país, Gandhi suplicó a hindúes y musulmanes que convivieran pacíficamente. Los disturbios afectaron a Calcuta, una de las más grandes ciudades de la India, y el Mahatma ayunó hasta que cesaron. El 13 de enero de 1948 inició otra huelga de hambre en Nueva Delhi para tratar de instaurar la paz. El 30 de enero, doce días después de acabado aquel ayuno, fue asesinado por Vinayak Nathura Godse, un miembro de un grupo extremista hindú, mientras se dirigía a su habitual rezo de la tarde.
La muerte de Gandhi en 1948 fue considerada como una catástrofe internacional. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró un periodo de luto y todos los países expresaron sus condolencias. Las enseñanzas de Gandhi inspirarían desde entonces los movimientos pacifistas en todo el mundo, al tiempo que el recuerdo de su personalidad terminó por adoptar proporciones descomunales, siempre como ineludible referente de los sentimientos de lucha no violenta contra las injusticias evidentes.


